Presentación de dones

De la Enciclopedia Cecilia

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Contenido

CANTO DE PRESENTACION DE LOS DONES (OFRENDAS)

Durante mucho tiempo hemos empleado mal el lenguaje, llamando a este canto “El canto de Ofertorio”. El canto de ofrendas es un canto de la Asamblea que acompaña este momento en el que se ofrece el pan y el vino que se conviertan en el Cuerpo y la Sangre del señor. Hasta este punto no hay victima, sino que solamente es la preparación de los dones. En este momento puedes entregar tu propia vida, tus sueños, tus anhelos, tus problemas y también tus miserias al Señor pues “entre mas valioso sea nuestro obsequio, mas expresara nuestro amor”.

HISTORIA

El Padre José Aldazábal dice al respecto de su historia y sentido:Al principio se trata sólo del gesto de que alguien traía al altar el pan, el vino y el agua para la celebración, sin oraciones ni ritos. El hecho de traer el pan y el vino se prestaba fácilmente a un sentido teológico-simbólico, bien de representar la pasión, que es el sentido que prevalece en la liturgia y escritos orientales, o bien en el sentido de simbolizar los dones de los fieles y su ofrecimiento espiritual a Dios junto con la oblación de Cristo, idea que será desarrollada por los Padres occidentales.

¿CUANDO SE DA EL MOMENTO DE LA PRESENTACION DE LAS OFRENDAS?

La presentación de dones es el momento en que, estando el sacerdote sentado a la sede, se efectúa la colecta. Luego el sacerdote se levanta y va a la entrada del presbiterio para recibir el pan y el vino, junto con las canastas de la colecta. Las palabras de presentación pueden rezarse en silencio o dialogadas con la asamblea.

¿COMO SE CANTA ESTE CANTO?

No necesariamente debe cantarse. Existen 3 posibilidades:

Primera posibilidad: Hacerlo todo en silencio o con música de fondo, dándole un reposo al alma y a nuestros sentidos. Deberá cuidarse entonces que las piezas interpretadas por el instrumento no estorben, no roben esa paz que debe existir.

Segunda posibilidad: Hacer el canto. Los cantos elegidos deben ser revisados a conciencia en su letra y en su música. No deben insistir en el aspecto de ofertorio, sino en el aspecto de donación o entrega o bien de alegría por sabernos hermanos reunidos en torno a Cristo, o también pueden ser cantos que prolonguen el contenido entregado por Dios en la Palabra, o el que se esta viviendo en determinado tiempo litúrgico. Se recomienda que sus arreglos musicales sean suaves y bellos para que ayuden a destacar ese momento de reposo. El coro deberá revisar la letra de los cantos recomendados para las ofrendas. No debemos de utilizar cantos que repitan el contenido de la oración universal o cantos que: “no tengan nada que ofrecer”.

Para la letra del este canto tome en cuenta que: “Ofrecer no es lo mismo que pedir” como lo sugieren algunos cantos de ofrenda. Es contradictorio un canto de ofrendas que no ofrezca nada.

EJEMPLO DE CANTO QUE NO TIENE QUE OFRESER:

Que nos conduzca la Iglesia, por tus senderos Señor,

que los Obispos y el Papa, nos encaminen a ti.

Te lo pedimos, óyenos Señor,

Te lo pedimos, óyenos Señor,

Que nos sintamos hermanos, unidos siempre en tu amor,

que todos juntos hagamos, la gran familia de Dios.

Tercera posibilidad: Se puede recitar en voz alta las plegarias de presentación de dones y que el pueblo conteste lo que le toca responder en ese momento: “Bendito seas por siempre, Señor”. Ello evidentemente no se tiene que hacer cuando hay música de fondo o cuando no se esta cantando. Cualquiera que se elija para este momento no debe alargarse mas allá del tiempo destinado para ello. Se debe estar muy pendiente del ritmo que lleva el sacerdote, a fin de no terminar ni antes ni después, sino que justamente con él. Lo mas importante del canto de ofrenda es que la letra tenga un sentido claro que: “El pueblo le esta ofreciendo al señor Dios”.

¿QUIEN INTERPRETA ESTE CANTO?

Puede ser interpretado únicamente por el Coro, dándole así el mismo sentido que la música de fondo, o puede ser cantado por toda la Asamblea, lo cual no se debería de hacer muy a menudo, ya que la obliga a estar activa y la asamblea debe tener ese momento de reposo que hemos mencionado. Es canto que acompaña este rito no es el más importante. Quizás es el único canto que se podría reservar al coro, como canto de meditación. La intervención de la asamblea no es tan necesaria en este momento muy secundario.

¿CUÁL ES EL ERROR MAS FRECUENTE QUE SE COMETE EN ESTE CANTO?

El error mas frecuente es llamarlo “canto de ofertorio” cuando se verdadero nombre es “canto de presentacion de las ofrendas o los dones”, que no es lo mismo, pues este canto debe exaltar el momento en que la asamblea prepara los dones y ofrendas reales que serán entregadas a Dios aunque se de en el momento del acto de ofertorio que realiza el sacerdote, así pues, el canto interpretado deberá hacer alusión a la entrega de dones y entre mas grande y real sea lo que ofrecemos será mejor.

INSISTIMOS EN ALGO IMPORTANTE

No es un "canto de ofertorio" sino un canto de presentacion de los dones u ofrendas.

OFERTORIO: Parte de la misa en que el celebrante Ofrece a Dios la ostia y el vino antes de la consagración.

OFRENDA: Accion de donacion o entrega.Los dones que la asamblea ofrece a Dios.

¿CUANDO TERMINA EL CANTO DE OFRENDAS?

Una vez terminada el lavabo, debe terminarse el canto, de manera que no espere para formular la invitación: "Oren hermanos..." Si no hay procesión, mejor que no haya canto. "Al rito para el ofertorio siempre se le puede unir el canto, incluso sin la procesión con los dones." ('Ordenamiento General del Misal Romano', Nro. 74)

VERSIONES IMPUGNADAS

Se impugnan para ser cantados en la Santa Misa como canto de ofrendas todos aquellos cantos que NO hablen de donación o entrega y aquellos que hablen de ofertorio, de la fracción del vino y el pan sin el ofrecimiento de este. Ejemplo:

- Saber que vendrás (por tener música del mundo).

- Que nos conduzca la iglesia (no habla de ofrecimiento, sino de pedir).

- Trigo puro (no es claro en la entrega u ofrecimiento).

- En tu casa .

- El consejo de María (canto mariano).

- Tu eres María (canto mariano).

- Madre (canto mariano).

- En las manos del señor (canto mariano).

- Acuérdate oh María (canto mariano).

- Camino buscando consuelo (canto mariano).

SOBRE LA MÚSICA DURANTE LA PRESENTACIÓN DE DONES

Los textos de los cantos libres de presentación de ofrendas deben tener los contenidos de Ofrecimiento de la materia de la Eucaristía: Pan y vino. Otros "ofrecimientos" (el amor, la vida, la juventud, el corazón, etc) son válidos siempre y cuando existan los ofrecimientos principales.

Litúrgicamente, el ofrecimiento lo hacemos como Iglesia y no individualmente: "Sólo la Iglesia presenta esta oblación, pura, al Creador, ofreciéndole con acción de gracias lo que proviene de su creación" (S. Ireneo, haer. 4, 18, 4; Cf. Ml 1,11).

Por lo tanto, los textos de los cantos libres deberían estar en "tono comunitario" (por ejemplo: te presentamos, te ofrecemos...)

Este canto es a la vez: - Inicio, preparación de la Eucaristía (la asamblea se transforma en vista del banquete).

- Al mismo tiempo, este canto pone en calor y acentúa líricamente el gesto del momento (procesión de ofrendas). Este canto acompaña la procesión de los dones que en el altar serán transformados en el cuerpo y la sangre de Cristo.

- Precisamente porque acompaña esta procesión, es un canto breve, conduciendo a la asamblea hasta la oración sobre las ofrendas (concluyendo allí el prólogo, la preparación de la Eucaristía).

- Incluso, cuando no hay procesión de dones podría perfectamente omitirse y así dar oportunidad para escuchar la bellísima oración que hace el sacerdote al presentar el pan y el vino o puede ambientarse este momento de la preparación de los dones con un acompañamiento instrumental.

Cuando la asamblea escucha un canto del coro, éste debe ayudar a crear un clima de oración.

No es necesario cambiar cada domingo de canto de ofrendas. Se puede tener uno para cada tiempo litúrgico y una colección para los domingos ordinarios.

Ante todo, este canto debe hablar de la unión, la caridad y la fraternidad de todos los miembros de la asamblea, y no tanto de “ofrecer”, porque el ofrecimiento se hace después, en el momento en que el sacerdote ofrece de Dios Padre a Cristo, nuestro sacrificio de salvación, de allí que a esta parte de la misa ya no se le llama ofertorio. Por esto son preferibles cantos sobre la caridad, el amor entre los hermanos, etc.

LA PRESENTACIÓN DE DONES EN EL CATECISMO

El pan y el vino

Explica el catesismo:

1350 La presentación de las ofrendas: entonces se lleva al altar, a veces en procesión, el pan y el vino que serán ofrecidos por el sacerdote en nombre de Cristo en el sacrificio eucarístico en el que se convertirán en su Cuerpo y en su Sangre. Es la acción misma de Cristo en la última Cena, "tomando pan y una copa". "Sólo la Iglesia presenta esta oblación, pura, al Creador, ofreciéndole con acción de gracias lo que proviene de su creación" (S. Ireneo, haer. 4, 18, 4; cf. Ml 1,11). La presentación de las ofrendas en el altar hace suyo el gesto de Melquisedec y pone los dones del Creador en las manos de Cristo. El es quien, en su sacrificio, lleva a la perfección todos los intentos humanos de ofrecer sacrificios.
1351 Desde el principio, junto con el pan y el vino para la Eucaristía, los cristianos presentan también sus dones para compartirlos con los que tienen necesidad. Esta costumbre de la colecta (cf 1 Co 16,1), siempre actual, se inspira en el ejemplo de Cristo que se hizo pobre para enriquecernos (cf 2 Co 8,9):
Los que son ricos y lo desean, cada uno según lo que se ha impuesto; lo que es recogido es entregado al que preside, y él atiende a los huérfanos y viudas, a los que la enfermedad u otra causa priva de recursos, los presos, los inmigrantes y, en una palabra, socorre a todos los que están en necesidad (S. Justino, apol. 1, 67,6).


NOTA SOBRE LAS OFRENDAS DE FIELES EN LA EUCARISTÍA

1. La preparación de los dones para la Eucaristía comprende, según el actual Ordinario de la Misa, la presentación del pan y del vino que se convertirán en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Estos dones pueden ser llevados procesionalmente al altar por los fieles. El propio Ordinario de la Misa (n. 20) recomienda esta expresión de la participación de los fieles en el Sacrificio eucarístico, incluso con la aportación de otros dones para las necesidades de la Iglesia o de los pobres.

2. El gesto de llevar procesionalmente las ofrendas ha encontrado una gran aceptación en las comunidades parroquiales y de otro tipo, constituyendo en muchos lugares una práctica habitual, especialmente los domingos. Sin embargo, se constata también en algunas partes una cierta exageración en la forma de realizar la procesión de las ofrendas, que convierte este gesto, por su propia naturaleza, sobrio, en un momento cumbre de la celebración, en detrimento de la oblación de la Hostia inmaculada que tiene lugar en la plegaria eucarística.

3. Por este motivo, la Comisión Episcopal de Liturgia quiere recordar el auténtico valor y el significado espiritual de este rito, y hacer a la vez algunas sugerencias para su más correcta realización.

I. ORIENTACIONES DOCTRINALES

4. La presentación del pan y del vino, necesarios para la celebración de la Eucaristía proviene, según el Misal Romano, del acto del Señor, que durante la última Cena tomó en sus manos estos elementos para entregar en ellos su Cuerpo como comida y su Sangre como bebida. Es un gesto muy simple. Se trata de aportar en este momento de la celebración la materia para el Sacrificio eucarístico. En los primeros tiempos, el pan, el vino y el agua eran llevados sencillamente al altar y comenzaba la plegaria eucarística (cf. S. JUSTINO 1, Apol., 67). Después eran los diáconos (o los neófitos en el día de su bautismo) los que llevaban los dones (cf. HIPÓLITO, Tradit. apost., 4 y 20). Durante la Edad Media el rito se hizo más complejo.

5. La procesión de los fieles al altar, llevando el pan y el vino y otros dones para la Iglesia o los pobres, expresa adecuadamente la actitud de oblación que es preciso mantener durante toda la Misa, especialmente en el momento de la consagración y de la ofrenda anamnética del Sacrificio. En efecto, los fieles, en virtud del sacerdocio común, no sólo ofrecen la Víctima Santa por ministerio del sacerdote y juntamente con él, sino que se ofrecen a sí mismos como hostias vivientes, santas, agradables a Dios y sacrificio espiritual (cf. Rom 12,1; 1 Pe 2,5).

6. El pan y el vino son los símbolos de todo lo que presenta la asamblea, por sí misma, como ofrenda a Dios. Este simbolismo es puesto de relieve por las palabras que Página 2/3 normalmente debe decir en secreto el sacerdote cuando toma primero la patena con el pan y después el cáliz con el vino y un poco de agua, para depositarlos sobre el altar. El pan y el vino son fruto de la tierra y del trabajo de los hombres.

7. El dinero u otras donaciones que los mismos fieles pueden presentar o ser recogidas en la nave de la iglesia responden también a una práctica antiquísima (cf. 1 Cor 16,12; S. JUSTINO, texto citado), como signo de la comunicación de todos los bienes dentro de la comunidad cristiana (cf. Hch 2,42.44-46; 4,32-37).

II. SUGERENCIAS PRÁCTICAS

8. Es importante, para resaltar el sentido y el significado espiritual de la procesión de las ofrendas, que ésta se realice con la dignidad y proporción que le corresponden dentro del conjunto de la acción eucarística. La Ordenación general del Misal dice escuetamente: «Se traen las ofrendas: es de alabar que el pan y el vino lo presenten los mismos fieles. El sacerdote o el diácono los recibirá en un sitio oportuno y los dispondrá sobre el altar [...] También se puede aportar dinero u otras donaciones para los pobres o para la Iglesia, que los mismos fieles pueden presentar o que pueden ser recolectadas en la nave de la iglesia, y que se colocarán en el sitio oportuno, fuera de la mesa eucarística» (n. 49). Puede acompañar esta procesión en que se llevan las ofrendas un canto apropiado o música instrumental (cf. n. 50).

9. Por consiguiente los primeros dones en ser presentados han de ser siempre el pan y el vino para la Eucaristía. Después el dinero u otras aportaciones para la Iglesia o los pobres. Este es el momento de llevar la patena y el cáliz que han sido adquiridos o donados por los fieles y van a ser usados por primera vez (cf. Bendicional, n. 1200).

10. Las normas litúrgicas no señalan otro tipo de dones u ofrendas. Pero es evidente que, todo lo que se desee presentar como expresión de la participación en el Sacrificio de Cristo actualizado en la celebración eucarística, ha de ser verdadera donación o entrega, y ha de guardar alguna relación con la Eucaristía. Carece de sentido, por tanto, llevar al altar objetos diversos o frutos de la tierra con una intención meramente figurativa o representativa, recuperándolos después de la celebración. Por otra parte, el pan y el vino, que fueron elegidos por el Señor, simbolizan suficientemente no sólo la creación transformada por el trabajo humano, sino también la Iglesia reunida desde los confines de la tierra (cf. Didaché, 9).

11. Por las mismas razones no es conveniente que las ofrendas sean una muestra de la realidad sociológica, cultural o folclórica de una región o de un pueblo, como se ve frecuentemente en las misas televisadas. Tampoco conviene multiplicar el número de los oferentes, ni hacerles vestir el traje regional únicamente por el motivo de participar en la procesión de las ofrendas. En todo caso, se ha de procurar no desorbitar el gesto de la presentación procesional de las ofrendas, convirtiéndolo además en un espectáculo. La procesión de ofrendas que tiene lugar en las canonizaciones o en las celebraciones eucarísticas que preside el Papa en sus viajes apostólicos constituye una peculiaridad de la liturgia papal. Se trata siempre de obsequios de las Iglesias particulares al Supremo Pastor. Página 3/3

12. En algunas circunstancias especiales, como por ejemplo la visita pastoral, o la peregrinación a la catedral o a un santuario, o la fiesta del patrono del lugar, puede darse un mayor realce al rito de la presentación de las ofrendas, pero siempre dentro de los límites señalados antes y buscando siempre la verdad y la noble sencillez postulados por la liturgia eucarística. Otra cosa es el ámbito de la piedad popular, que cuenta incluso con manifestaciones propias de ofrecimiento o de gratitud para con el Señor, la Santísima Virgen o los Santos. Aunque sean religiosas estas manifestaciones populares, no tienen cabida en las celebraciones litúrgicas, sino en el espacio que les es propio como preparación o como derivación de la liturgia misma.

13. En la procesión de ofrendas debe evitarse también la recitación de oraciones por parte de los oferentes o la explicación detallada y larga de lo que se lleva junto al pan y al vino. Este momento no es tampoco el adecuado para informar a la asamblea sobre los grupos que están presentes en la celebración, haciendo que cada uno de ellos se destaque con una ofrenda particular, a veces sin ninguna referencia eucarística. Si ha de hacerse algo en este sentido, debe ser antes de empezar la celebración. Téngase en cuenta el espíritu que ha inspirado la renovación de los ritos de la preparación de los dones en el actual Ordinario de la Misa. Lo que está establecido expresa suficientemente la participación de los fieles en la oblación de la Iglesia.

14. Para terminar, los Obispos de la Comisión Episcopal de Liturgia exhortamos a nuestros hermanos sacerdotes a que conozcan bien el Ordinario de la Misa en este y en otros puntos, y a que den explicación oportuna a los fieles. Una vez más lo que está en juego es el carácter mistagógico de la celebración, confundido no pocas veces con un afán excesivamente didáctico, con detrimento del verdadero simbolismo sobrio, objetivo y universal de la liturgia.

Comisión Episcopal de Liturgia 2 de febrero de 1990, San Salvador, El Salvador.

EJEMPLOS DE CÁNTICOS

VEASE TAMBIEN

REFERENCIAS

  • Catecismo de la Iglesia Católica; Accesado el 5 de julio de 2006.
  • de la Roca, José Ronaldo; Liturgia y música: Algunas consideraciones a tomar en cuenta por los músicos servidores; Guatemala, Enero 2007; ronnytiz(arroba)yahoo.com.mx
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